Monseñor Rafael Grovas

Diecisiete años después de la muerte de Monseñor Rafael Grovas, primer obispo de la Diócesis de Caguas, nos llegó el regalo de un birrete episcopal usado por él en ocasiones especiales. El birrete fue donado a Notre Dame por Ángel Pérez Rovira y su esposa Yolanda. Sylvia Sola’ 66, amiga del matrimonio y ex alumna, coordinó la donación. Monseñor Grovas fue un intelectual de primera. Fue miembro de la Academia de la Lengua, amigo cercano de los miembros del Instituto de Cultura Puertorriqueña y de una multitud de líderes del quehacer cívico e intelectual de Puerto Rico. Ocupó también, por muchos años, el cargo de canciller de la Diócesis de San Juan. Monseñor Grovas fue designado por la Divina Providencia para fundar nuestra Diócesis en 1964. Es una opinión generalizada que Monseñor fue el primer clérigo de la Iglesia en el siglo XX. Probablemente, por estar involucrado en el torbellino de levantar una nueva diócesis, no dio mucho de su tiempo a las escuelas. Eso sí, cuando nos visitaba, no escondía su enorme satisfacción al dialogar con los estudiantes y maestros. Yo sí puedo dar fe de su interés por Notre Dame, ya que dialogué con él en varias ocasiones. En Notre Dame hizo muchos amigos que le acompañaron hasta su muerte. Quiso también la Divina Providencia que su biblioteca personal, sus cartas y documentos personales episcopales fuesen donados a Notre Dame sobre la solicitud de las universidades católicas del país. Esta colección no solo es un tesoro religioso, es también una fuente importantísima de la historia de Puerto Rico y, particularmente, de Vieques y del Partido Acción Católica. En ella hay cartas de José de Diego, Muñoz Marín, Felisa Rincón de Gautier, entre otros, y libros valiosísimos. Entre los libros se destaca, de gran importancia para Notre Dame, una edición en vida de San Alfonso de Ligorio de su obra cumbre Homo Apostolicus de 1770. Monseñor Álvaro del Río, SJ completó la colección al regalarnos las dos proclamas recibidas por Monseñor Grovas al llegar a Caguas. Al preguntarle a Monseñor Miguel Mendoza por qué escogió a N D como lugar para entregar la obra de Monseñor Grovas y no a las universidades, me contestó, más o menos, en estos términos: “Grovas no quería que sus pertenencias más queridas saliesen de su diócesis y qué mejor lugar que en Notre Dame, entre la juventud que atesoraba”.